La noche del 22 de marzo, la sala 16 Toneladas volvió a vibrar con una de esas citas imprescindibles para los amantes del jazz fusión y la guitarra eléctrica con el legendario Scott Henderson. Pero antes de que el maestro californiano se hiciera con el escenario, el público tuvo el placer de descubrir a Jeff Aug, un guitarrista acústico que supo calentar el ambiente con una propuesta muy diferente pero igualmente fascinante.
El guitarrista estadounidense Jeff Aug, fue el encargado de abrir la velada, conocido por sus grabaciones en solitario y por colaborar con artistas como Anne Clark. Con su guitarra acústica y sin más acompañamiento que su maestría, Aug ofreció un set íntimo y técnico, toda una lección de minimalismo sonoro y construcción melódica, una especie de cuento instrumental contado con cuerdas de acero.
El público, al principio expectante, terminó completamente entregado. Cada tema parecía una pequeña historia sin palabras y un sentido del ritmo que atrapaba incluso a los oyentes menos familiarizados con su estilo.





Con la sala ya entregada y en su punto justo, llegó el turno de Scott Henderson, guitarrista que ha escrito páginas fundamentales del jazz fusión desde los tiempos de Tribal Tech. Su trío, formado por el bajista Romain Labaye y el batería Archie Gryska, desplegó un arsenal sonoro cargado de solos incendiarios y una interacción casi telepática entre los músicos.
Desde los primeros compases, quedó claro que lo de Henderson no es solo virtuosismo: es un lenguaje propio, una forma de moldear el sonido con personalidad arrolladora. Su característico tono de guitarra le dio un sabor especial a cada tema del repertorio, con siete discos publicados en solitario el último álbum se ha titulado Karnevel!, en el escenario sonaron temas como «Dolemite», «Sphinx», o la potente «Manic Carpet».
En un mundo donde cada vez es más difícil ver música de este calibre en directo, noches como la del 22 de marzo en 16 Toneladas recuerdan por qué seguimos asistiendo a conciertos: para presenciar algo irrepetible, para dejarnos sorprender y para salir con la sensación de haber vivido algo especial.













